Qué es entonces el iPad?

Dejé de utilizar mi iPad mini 2 hace más o menos un año y medio al ver que no le estaba sacando ningún partido. Sólo me servía para tener ahí repetidas todas las funciones que ya realizaba con mi iPhone y sin embargo me preocupaba de mantener actualizado el sistema y las apps. ¿Para qué? En realidad no lo sé.
Contaba con un tamaño ideal para llevar entre mis bártulos, era suficientemente robusto, la pantalla se veía muy bien y la duración de la batería… santo cielo, este aparato era inagotable.
En principio pensaba que lo utilizaría para llevar todas mis partituras en formato digital a todas partes, con una aplicación de metrónomo y un par más para el músico ambulante.

Sin embargo, me resigné a aceptar que no era capaz de utilizarlo para aquello para lo que pensaba por varias razones: a veces no tenía un lugar seguro donde colocarlo, otras veces no tenía partituras del repertorio, otras veces me apañaba mejor en papel, etc.
Y además, la herramienta no estaba lo suficientemente madura: la falta de un lápiz adecuado y un software no del todo óptimo.

Le puse empeño: probé varios stylus como el Adonit Jot Pro y apps como NotateMe, que tenía reconocimiento de escritura y me gustaba el resultado estético que producía, pero estaba todavía muy verde o yo no supe llevarla tan lejos como quería.
En vista de la situación, restauré el sistema operativo a valores de fábrica y lo apagué. La pobre tablet volvió a su caja y allí estuvo hasta hace un par de meses.

Es cierto que desde 2014 las cosas han cambiado muchísimo, no solo entre las apps sino también en el propio sistema operativo y la propia Apple. Los iPad vagaron por el desierto con un hardware cada vez más potente pero un software que simplemente lo mantenía como un iPhone más grande, sin apenas funciones específicas y que tuviesen verdadero sentido.
Quienes intentaron ver en el iPad y la manoseada era post-PC el futuro, se dieron de bruces contra la falta de aplicaciones importantísimas como la versión auténticamente completa de Adobe Photoshop, Lightroom, Premiere, After Effects, etc. por no hablar de AutoCAD, IDEs de programación, o las propias aplicaciones profesionales de la casa: Logic Pro X y Final Cut Pro X.
Sí, el iPad era fabuloso para periodistas y escritores: las fundas con teclado hacían del dispositivo un hardware muy todoterreno y capaz de combinar en un único dispositivo una cámara, un procesador de texto, un cómodo lugar desde el que gestionar tu email, mantener reuniones online…
Y la llegada del Apple Pencil amplió este espectro a diseñadores gráficos e ilustradores además de todo aquel que pudiese beneficiarse de tener un cuaderno digital en el que tomar notas a mano alzada, realizar esquemas, etc…

Pero existimos otra clase de profesionales para los cuales todavía el iPad no es suficiente y repito, es una carencia de software difícilmente salvable por cómo es la arquitectura del sistema operativo. ¿Qué interfaces de sonido externas profesionales soporta el iPad? ¿Hay soporte para almacenamiento masivo externo? Y no hablo de un pen drive, sino de docks de discos duros, por ejemplo, lectores de discos ópticos, etc.
Todo esto por no hablar del efecto “dedo de mono” que se produce cuando utilizas el iPad a modo de portátil tradicional, algo nada cómodo para las largas sesiones de trabajo intenso, mucho menos para manejar cosas como una hoja de cálculo, un editor de fotografías de forma precisa, etc. Existen ciertos atajos de teclado pero… la interfaz del sistema operativo llama “atajo” a cualquier cosa ya.
Incluso, en un plano más conceptual, la multitarea está muy mal llevada a la práctica, y de esto ya han escrito otros blogueros en medios especializados.

Aún con todo, podríamos ser optimistas mirando al futuro, si aceptamos que la plataforma avanzará muy lentamente y nunca será tan abierta como un PC o un Mac, y que por el camino nos dejaremos el soporte de hardware antiguo que tradicionalmente heredaríamos en esos entornos. Probablemente nuestras posibilidades se reducirán a apenas dos o tres modelos que cuenten con la certificación necesaria y a un software que tendrá que reinventarse desde prácticamente cero en cuanto a front-end se refiere. También carecemos de un auténtico explorador de archivos, entre otras cosas, tan flexible como a muchos nos gustaría.

Personalmente he recuperado el mío para llevarme los libros y materiales del sistema que imparto en la escuela en PDF y MP3; y no cargar con varios libros y hojas sueltas en mi mochila. Word y Excel están instalados más por si acaso que por necesidad.
Tener acceso a una impresora vía AirPrint ha resultado tremendamente útil y conservar el mini-jack de audio, toda una bendición.
En casa, el iPad descansa sobre el sofá, preparado para hacer AirPlay hacia la televisión en algún momento de relax, pero poco más.
Es reseñable que se ha quedado en iOS 12.4.6 y ya le cuesta salir adelante en algunas tareas (el navegador Safari empieza a quedarse “tieso” y pegar “tirones” bastante a menudo).
Le he vuelto a dar uso, sí, pero un uso tan simple que no sería necesario que fuese siquiera un iPad para cumplir con lo que de verdad importa.

Esta última semana ha aparecido una versión de iPad Pro renovada con un par de mejoras muy discretas a nivel interno, un sensor LiDAR muy orientado a impulsar el desarrollo de aplicaciones de realidad aumentada (y seguir allanando el terreno para los programadores con APIs cada vez más reforzadas) y…. oh! sorpresa! Lo más novedoso en este iPad no es el iPad.
La funda con teclado se ha reinventado en funda + teclado + trackpad. Un trackpad minúsculo y un soporte para puntero que hasta ahora era prácticamente inexistente (aunque hubiese alguna forma de puntero en las opciones de accesibilidad).

Si combino en una ecuación el precio de un iPad Pro de 12,9 pulgadas (por aquello de tener una superficie de trabajo bien amplia, que merezca el apellido “pro”) con un almacenamiento medianamente generoso, digamos que como para poder editar videos en iMovie y la funda con trackpad y teclado (que se acerca a la friolera de 500€), el total se dispara a más de 1600€, sin contar con Apple Pencil ni conexión LTE.
Escojo esta configuración para que, siendo conscientes de las cámaras que integra, pueda ponerlo frente a un MacBook Air o incluso un MacBook Pro.
El MacBook Air sale más económico y presenta un digno rival para las tareas del iPad Pro que no requieran cámaras o stylus, con la ventaja de que puede ejecutar software muy superior.
Por otro lado hay configuraciones de un MacBook Pro de 13” en ese rango de precios mucho más apetitosas en cuanto a potencia.
Por eso me pregunto si el iPad Pro tiene sentido dentro del catálogo. Las características como pantalla, cámaras y lápiz llegarán a los iPad más económicos, es solo cuestión de tiempo. Y después ¿qué?
El dispositivo se parece cada vez más a un MacBook y solo un nicho dedicado a gráficos y retoque fotográfico parece el verdadero beneficiado de este iPad Pro en este momento. ¿Que es entonces el iPad? ¿El ordenador de los diseñadores? ¿O estamos intentando reinventar la rueda?
Para los demás, sigue siendo una mera tablet. Con muy buen diseño, componentes longevos y una miríada de aplicaciones muy generosa, pero una mera tablet cuyas funciones pueden estar de sobra cubiertas con el modelo más básico.

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