Ubuntu y el Inmovilismo Relativo

Una vez más, Marianonaniano “lo ha clavao“. Al menos en lo que se refiere a las últimas novedades sobre Ubuntu. Más sobre la versión 17.10 en este post, pero antes…


Esto del inmovilismo es muy relativo. A veces hay gente que se mueve en la dirección contraria a la razón y en ese caso lo mejor es quedarse donde está. Sobre todo cuando uno no sabe a dónde ir y no lo tiene claro, pues quédate donde estás que acabas no teniendo ningún problema.
Mariano Rajoy Brey. Fin de la cita.

Las novedades
Pues bien… llegamos a Ubuntu 17.10 “Artful Aardvark” (lo de los nombres hace tiempo que se nos fue de las manos). Un usuario típico se encontrará con pocas o muy pocas novedades a simple vista: todo resulta familiar y no es una actualización disruptiva. Sin embargo, hay varios cambios, algunos de ellos de gran calado. Esto es lo nuevo:

  • Gnome en lugar de Unity, con lo que algunas cosas como el HUD o el menú global en la barra superior ya no están
  • La vista de Actividades (a veces conocido como “Exposé”) también permite manejar varios escritorios de forma dinámica
  • Los controles de las ventanas han vuelto a la esquina superior derecha (como Windows) tras años en la izquierda (como MacOS)
  • El login vuelve a estar a cargo de GTK, y ya no se utiliza LightDM ni Unity Greeter
  • Servidor gráfico Wayland por defecto, en lugar de X.org, aunque éste está disponible por cuestiones de compatibilidad (se selecciona al hacer login)
  • Nueva aplicación de configuración del sistema, con los ajustes organizados por categorías en un panel a la izquierda de la ventana, abandonando la que había hasta ahora tan parecida a la de MacOS
  • Actualizaciones de Firefox, Thunderbird, LibreOffice, Rhythmbox y el resto de aplicaciones
  • Versiones actualizadas del Kernel y otras utilidades

Aunque ya no sea mi sistema operativo principal, sigo muy de cerca la actualidad de Ubuntu. Es un sistema operativo que me gusta por muchos motivos: simplicidad, diseño, fiabilidad, potencia, rendimiento, hardware y software compatible, etc. Además, cuando mi MacBook se quede sin actualizaciones de MacOS (algo que espero que tarde muchos años en suceder) volveré a instalarle esta distribución, porque salvo fallo grave de hardware, es un ordenador que espero que me dure mucho tiempo.
Como siempre, mi blog de referencia para este tipo de noticias es OMG! Ubuntu, que ahí sigue al pie del cañón tras casi una década (¡Anda, mira, que casualidad!)
Joey Sneddon ha publicado también un video en su cuenta de Youtube para revisar un poco las novedades.

Ubuntu es desde hace ya varios años un sistema operativo muy maduro, estable y fiable. Es perfectamente válido para instalar en cualquier máquina y dispone de programas para sacar el trabajo adelante sin problemas. Sin embargo…

Permitidme un poco de historia…
Allá por 2008 la situación era bastante irracional: todos contábamos con un ordenador de sobremesa en nuestras casas (puede que incluso con varios) y teníamos también nuestro ordenador portátil, con el que nos íbamos a clase, o de viaje. Y por supuesto, sin sincronización ni nada semejante. Vivíamos como salvajes, hay que reconocerlo.

Ya lo he contado en alguna que otra ocasión: odiaba tener que transferir archivos continuamente, mantener varios sistemas al día, etc. Me lié la manta a la cabeza y con mi Netbook y mi instalación de Ubuntu conseguí poner algo de cordura en todo aquello. Sinceramente creía que los netbooks dominarían el mundo (🙈) y claramente… estaba equivocado. Demonios, sí que lo estaba.

Con los primeros smartphone entre los consumidores e innovaciones como el almacenamiento en la nube (p. ej. Dropbox), el siguiente paso estaba claro. Ya habíamos fusionado varios equipos en uno solo, que para algunos eran los Netbook, para otros eran los Ultrabook y para algunos, las tablet. El último paso era llevarnos el ordenador al bolsillo. Y mientras las tablet inundaban el mercado, las especificaciones de los teléfonos crecían imparables.

Canonical pronto supo ver todo esto de la “convergencia”. Todo comienza con Ubuntu 8.04 (Hardy Heron), que además de la tradicional versión de escritorio traía la interfaz Netbook Remix. En ordenadores con pantallas chiquitinas, funcionaba a las mil maravillas y fue clarísimamente la madre de la interfaz Unity, que apareció un par de años después con Ubuntu 10.10 y se convirtió en el escritorio por defecto con la 11.04.

De acuerdo, tenemos la interfaz. Unity funcionaba (mejor o peor, pero funcionaba) y su diseño está minuciosamente pensado para aprovechar al máximo la pantalla y resultar atractivo al usuario. Nunca he criticado esta decisión de Canonical porque Gnome 2 estaba dando sus últimos coletazos, pertenecía al pasado y Gnome 3 era feo y lento en comparación. Unity sin embargo venía instalado por defecto, encajaba perfectamente con el resto de la decoración del sistema y el cambio había sido un gran impulso para Ubuntu.

Nadie pasó por alto que sería genial tener una interfaz así también en el móvil pero Canonical dio un golpe en la mesa con aquella iniciativa (luego relegada al limbo) de Ubuntu for Android. ¡Exacto! ¡Esto era! ¡Y venía de camino! 😍
Cada vez que lo recuerdo, lo echo aun más de menos. Nuestros teléfonos ya tenían una potencia que, bien aprovechada, podría terminar unificando todos los dispositivos en uno solo. Pero estuvimos mucho tiempo sin saber de esto. ¿Falta de apoyo? ¿De interés? ¿Tal vez el desarrollo se estaba encontrando con muchos obstáculos? Nada de eso.

Ubuntu necesitaba optimizarse todo lo posible para poder correr sobre el hardware de un teléfono y dar una solución fiable y realista al consumidor (Ubuntu Touch). Se comenzó a trabajar en una nueva versión de Unity, reescrita en gran medida para dar soporte a gestos táctiles y con los dispositivos móviles en mente.
Y en una arriesgadísima jugada, Canonical salió al ataque en el otro frente de guerra: el hardware. Ubuntu ya no iba a ser un sistema operativo convergente para teléfonos y ordenadores. Iba directamente a ser una nueva raza de teléfonos: Ubuntu Edge. Viendo el video de la campaña de crowd-funding… ¿Quien no tuvo sueños húmedos con un futuro dominado por estos dispositivos?

Fue durante el transcurso de toda esta locura de hype, cuando Mark Shuttleworth se preguntó: ¿Que otras partes del sistema están envejeciendo mal? ¿Donde podemos seguir optimizando el software?
Desde luego, X.org siempre fue un grano en la zona infralumbar del usuario 🍑
Su solución: vamos a echar un vistazo a Wayland, una solución que ya está en desarrollo y… vamos también a darle la espalda a todo el trabajo hecho. Empecemos desde cero con… Mir!!!

Fue una gran decepción para mí que no se consiguiese el objetivo de la campaña: $32 millones, una cantidad altísima y sin precedentes. Canonical dio un volantazo en el último momento, olvidándose del Edge e intentando centrarse en el software para que pudieses instalarlo en una pequeña selección de dispositivos Android compatibles. Visto con perspectiva fue aquí donde comenzó la debacle. No muchos usuarios finales estarían dispuestos a renunciar a sus dispositivos Android solo para utilizar un SO en pañales y sin apenas Apps. Tampoco los fabricantes estaban por la labor: ni Samsung, ni HTC, ni ninguna otra gran compañía presentó teléfonos con Ubuntu pre-instalado.

¡Oh! ¿Y que me dirías del sistema de paquetes de software? ¿Aptitude? Al carajo, vamos a crear uno nuevo desde cero, al que llamaremos “Snap”, que por supuesto te permite instalar las aplicaciones que ya teníamos en los repositorios en formato apt, con un comando muy similar a apt, y para el que re-empaquetaremos todo lo que ya teníamos para apt.

En definitiva, el que mucho abarca… poco aprieta. Ubuntu for Android se quedó en una buenísima idea nunca implementada porque todos los esfuerzos se desviaron hacia Ubuntu Edge, que murió antes del parto.
Nos quedamos solamente con la posibilidad de instalar Ubuntu Phone en algunos teléfonos y se trabajó muy duro para hacerlo una realidad, mientras el barco de la convergencia ya había zarpado. Seguramente mucho se ha aprendido en este desarrollo y buena parte de ese conocimiento se ha ido filtrando a la versión de escritorio; pero a la convergencia ya ni se le espera ni se le recuerda.
No podemos decir que haya sido un error explorar este terreno que ahora acoge otros cadáveres de la misma guerra con nombres bastante ilustres. Microsoft ha cerrado su división de Windows Phone el mes pasado.

En conclusión
Con esta release no puedo evitar tener esa sensación de que hemos perdido varios años con toda la aventura móvil y sus consecuencias. Años valiosísimos para el escritorio porque apenas se notó el tirón con el desembarco de Steam, ni se consiguió ninguna inercia con servicios que fueron desapareciendo por no haber sido cuidados con algo de cariño (alguien se acuerda de Ubuntu One? Yo tampoco).

La historia hubiese sido muy distinta si en 2011 Canonical hubiese sabido apostar por contribuir al desarrollo de Wayland y de Gnome 3. Tampoco hubiera estado mal insistir en Ubuntu for Android como una app instalable en cualquier smartphone. Era un buen trampolín para, si alcanzaba el éxito y se convertía en un fenómeno de masas, perseguir entonces el Ubuntu Phone o incluso el Ubuntu Edge. Pero se quiso construir la casa empezando por el tejado. Es cierto que Shuttleworth quería romper la baraja y casi nos sorprende a propios y extraños; pero ni Canonical ni Ubuntu tenían el peso suficiente para tal propósito.
Y es que innovar está genial, pero esto del inmovilismo es muy relativo

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